[2,5 minutos de lectura]
Hoy mi hija mayor entra en un quirófano.
No como paciente ni como espectadora curiosa, sino como estudiante de primer año de Medicina, para ver una operación de rodilla hecha con un robot.
De pequeña les ponía tiritas a sus muñecos; hoy verá cómo un brazo mecánico ajusta una prótesis al milímetro.
Su carrera va a ritmo de tres semanas de teoría y una de prácticas, y en la primera de esas semanas le tocó hacer de celadora.
Volvió a casa habiendo visto de todo, con esa mezcla de cansancio y asombro que solo tienen quienes acaban de descubrir para qué sirven.
Yo la escuchaba y pensaba: ya está, ya ha echado a volar.
Alejandra tiene su canción que la caracteriza:
Luego están la mediana y el pequeño. Este año les cambiamos de colegio, en quinto y cuarto de primaria.
Venían del Colegio Alemán, hablan alemán como si hubieran nacido en Múnich, y yo, lo confieso, tenía miedo del cambio.
Me equivoqué: se han adaptado a la perfección, como si llevaran allí toda la vida.
La mediana es puro talento. Monta a caballo de maravilla, esquía que te mueres y se sienta al piano con una seriedad que impone.
Si tuviera que señalarle algo, diría que es perfeccionista, quizá demasiado, y que le cuesta perdonarse un error.
Pero sé que con los años aprenderá que lo imperfecto también puede ser bonito, y que nadie la quiere más por hacerlo todo bien.
Tengo varias canciones que me recuerdan a ella, pero hay una que es la suya, la que la describe sin necesidad de explicar nada. Meter canción.
Y el pequeño. El pequeño es un crack.
Cada mañana, a las siete y media o antes, ya está en la cocina preparando el desayuno para toda la familia: huevos revueltos o fritos, según toque, y tostadas.
Nadie se lo ha pedido. Lo hace porque sí.
Ese mismo espíritu emprendedor nos dio un susto memorable.
Un día llegó a casa un paquete a su nombre. Menos mal que lo recogimos su madre y yo.
Resulta que tiene una tarjeta Revolut para ahorrar, que su madre guardaba escondida.
Él la encontró, se registró en Temu con un correo mío y se compró un arsenal de gadgets: un reloj inteligente, una batería portátil y unas cuantas cosas más.
Por la compra, 78 euros, le regalaron además una tablet de ocho pulgadas. Nos quedamos a cuadros.
Lo devolvimos todo, claro, pero confieso que, entre la bronca y la risa, por dentro ganó la risa.
Toca la guitarra y esquía como un campeón.
También para él tengo una canción, la que mejor lo retrata. Meter canción.
Tres hijos, tres maneras distintas de estar en el mundo.
Una que empieza a curar, otra que busca la perfección en cada nota, otro que se levanta antes que nadie para cuidar de todos. Estos son mis hijos. Y no puedo estar más orgulloso de ellos.
MGC
Únete aquí al email diario. Te puedes dar de baja cuando quieras. SI no funciona recarga la página (Mac – Comando (⌘) + R o PC – Ctrl + F5):
Para el cumplimiento del RGPD (Reglamento General de Protección de Datos) y comprender que tus datos están seguros, debes leer y aceptar la política de privacidad. Tus datos se van a guardar en ActiveTrail, empresa de email marketing. ActiveTrail cumple con el RGPD y todos los requisitos que la ley establece.