células espejo

[2,5 minutos de lectura]

Estoy preparando una intervención que tengo que hacer en septiembre sobre la empatía. 

Entre lecturas y notas me encontré con un concepto que, aunque conocía, me fascina: las células espejo

Y cuanto más leo sobre ellas, más me doy cuenta de lo determinantes que son para entendernos mejor como seres humanos.

Las células espejo son esas neuronas que nos permiten sentir, casi en carne propia, lo que otro siente. 

Por eso, cuando ves a alguien bostezar, sin darte cuenta bostezas tú también. 

O cuando alguien sonríe de verdad, notas cómo se te dibuja una sonrisa, aunque no quieras. 

No es magia: es biología. Es nuestra naturaleza buscando conectar.

Lo curioso es que no se limitan a imitaciones físicas. 

También influyen en cómo comprendemos las emociones ajenas. 

Por ejemplo, ¿no te ha pasado que ves a alguien emocionarse hasta las lágrimas en una película y terminas con los ojos vidriosos tú también, aunque no tengas nada que ver con lo que sucede en la pantalla? Eso son las células espejo haciendo su trabajo.

En el fondo, son la base de la empatía. Y pienso que si supiéramos aprovecharlas mejor, podríamos comunicarnos de una forma mucho más auténtica. 

Porque la comunicación empática no es solo hablar. Es escuchar, observar y hasta sentir lo que la otra persona siente. Está en los gestos, en los silencios, en cómo inclinamos la cabeza, en cómo miramos.

Mientras preparo mi intervención, me doy cuenta de lo poco conscientes que somos de este poder. 

No se trata solo de palabras. Nuestra presencia transmite, nuestro cuerpo habla y nuestro rostro refleja. 

Y lo que reflejamos puede despertar en el otro confianza, calma o incluso ilusión.

A veces pienso que estas células son como un espejo invisible que nos recuerda que no somos islas. 

Que cada emoción, cada gesto, tiene la capacidad de encender una chispa en quien está enfrente. 

Y también pienso en lo peligroso que puede ser lo contrario: cómo una mirada fría, un gesto de desprecio o un tono agresivo pueden contagiar tensión y rechazo en cuestión de segundos.

Así que, cuando haga mi ponencia en septiembre, quiero tenerlo muy presente: mis palabras importan, sí. Pero aún más mi manera de decirlas. 

Porque quizás lo más valioso no sea lo que diga, sino lo que los demás sientan conmigo. 

Y para eso, gracias a las células espejo, tengo la herramienta más poderosa que existe: la empatía.

MGC

Únete aquí al email diario. Te puedes dar de baja cuando quieras. SI no funciona recarga la página (Mac – Comando (⌘) + R o PC – Ctrl + F5):

Para el cumplimiento del RGPD (Reglamento General de Protección de Datos) y comprender que tus datos están seguros, debes leer y aceptar la política de privacidad. Tus datos se van a guardar en ActiveTrail, empresa de email marketing. ActiveTrail cumple con el RGPD y todos los requisitos que la ley establece.

volver


Publicado

en

, ,

por

Etiquetas: