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Hace unas semanas me apunté a un curso de inteligencia artificial. Pensaba que iba a aprender a escribir mejores promptsy poco más. Me equivocaba.
Es de esos cursos que te vuelan la cabeza y te obligan a replantearte cosas que dabas por sabidas.
Lo que más me ha impactado es lo que se puede hacer hoy con estas herramientas. Bien utilizadas, son espectaculares.
Agentes que analizan una operación en minutos, que redactan, que comparan, que trabajan mientras duermes. Cosas que hace dos años nos habrían parecido ciencia ficción.
Tanto me ha impactado que ya tengo en la cabeza mi próximo negocio. No ahora, claro. Ahora toca Altamis, y quiero que llegue a ser un éxito comparable al de Civislend.
Pero cuando llegue ese momento, sé por dónde irá la siguiente aventura: los agentes de IA.
Un modelo con ingresos fijos por el desarrollo y recurrentes por el mantenimiento, el soporte y las mejoras continuas. Cada empresa va a necesitar los suyos, y alguien tendrá que construirlos y cuidarlos.
Pero no me engaño. Como todo en la vida, esto exige saber, y mucho. Y exige horas. Muchas horas.
Dicen que para ser experto en algo hay que dedicarle más de 10.000 horas. Yo le dediqué más de 20.000 a Civislend. Cada préstamo, cada inversor, cada error y cada acierto se convirtieron en conocimiento.
Por eso hoy puedo estar montando Altamis con criterio y no a ciegas. Esa experiencia no se compra ni se improvisa.
Con la IA pienso hacer lo mismo. Cuando llegue la siguiente aventura, le habré dedicado más de 10.000 horas. No para saber usar una herramienta de moda, sino para dominarla aplicada a algo que conozco a fondo.
Y aquí está, creo, la clave de todo este debate.
Mucha gente tiene miedo de la IA. Teme que le quite el trabajo. Yo no lo veo así.
La IA no te va a quitar el trabajo. Te lo va a quitar quien sepa utilizarla mejor que tú y, además, la acompañe de conocimiento.
Y eso es lo difícil, porque el conocimiento de verdad solo se consigue con años de experiencia.
Por eso no hay que temer a los becarios ni a la gente joven que maneja estas herramientas con soltura. Saber usar la IA sin saber de nada es como tener un coche potentísimo sin saber adónde ir.
A quien hay que temer es a quien sabe mucho de algo y, encima, sabe utilizar muy bien la IA para ese algo. Esa combinación es imbatible.
Así que mi consejo es sencillo: plantéatelo así. No como una amenaza, sino como una palanca que multiplica lo que ya sabes.
Dedícale tiempo, equivócate, aprende. Ya verás cómo acabas estando a favor del uso de la IA.
Yo ya lo estoy. Y esto no ha hecho más que empezar.
MGC
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