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Llevo una semana y media mirando el techo desde la cama, contando las horas entre una cura y la siguiente, y pensando en lo fácil que habría sido que todo terminara de otra manera.
Pero aquí estoy. Con las heridas en proceso de cerrar, con el cuerpo protestando en voz baja y con el corazón, en cambio, más lleno que nunca.
El martes pasado mandé un correo. No sé muy bien de dónde saqué las fuerzas —supongo que de esa necesidad urgente de decirle a la gente que sigues en el mundo—.
Le puse un título un poco dramático, lo reconozco: *”He vuelto a nacer”*. Ya me imaginaba que más de uno lo iba a ver en la bandeja de entrada y dudaría si abrirlo o dejarlo para después, pensando que sería algún boletín de meditación o una newsletter de autoayuda. Pero lo abrieron. Vaya si lo abrieron.
Desde entonces, el teléfono no ha parado. Llamadas que no esperaba, mensajes de WhatsApp que llegaban a cualquier hora, respuestas al correo de personas que hace tiempo no me daban señales de vida.
Y cada una de esas palabras —algunas torpes, algunas muy precisas, todas sinceras— ha sido como una venda más sobre las heridas. De las otras, de las que no se ven.
Tuve mucha suerte. Eso lo sé y no me canso de repetírmelo. Milagrosamente, nada roto.
El cuerpo aguantó mejor de lo que nadie hubiera previsto, y las heridas que sí quedaron se van curando, despacio pero con determinación, como hacen siempre las cosas que merecen la pena.
Gracias a Dios, y lo digo sin retórica: con la convicción serena de quien ha estado muy cerca del borde y ha tenido tiempo de pensar en ello.
Pero quería escribir esto porque hay una deuda que no se salda con un simple “gracias” al vuelo.
Hay gente que se preocupó de verdad, que apartó un momento de su día para preguntar cómo estaba, para decirme que me quería, para recordarme que no estaba solo en esta convalecencia un poco extraña y silenciosa. Y eso no tiene precio.
Así que esto es para todos vosotros. Para los que llamasteis aunque sabíais que igual no cogería el teléfono. Para los que escribisteis un mensaje sin saber muy bien qué decir. Para los que respondisteis al correo del título ridículo.
Gracias. De verdad. He vuelto a nacer, sí. Y lo he hecho rodeado de las personas adecuadas.
MGC
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