siempre parece imposible hasta que se hace

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Recuerdo perfectamente la primera vez que escuché la frase de Nelson Mandela: “Siempre parece imposible hasta que se hace”

Me encontraba caminando sin rumbo por la ciudad, con la mente llena de proyectos abandonados, cuando la leí en un cartel desgastado en la fachada de una biblioteca. Me quedé quieto, leyendo esas palabras una y otra vez, como si hubieran sido escritas para mí.

Durante años había soñado con escribir una novela. 

Tenía cuadernos llenos de ideas sueltas, frases incompletas y personajes sin historia. Pero la simple imagen de acabar un libro entero me parecía inalcanzable. Siempre encontraba excusas: falta de tiempo, cansancio, miedo al fracaso. Era mi propio muro.

Esa tarde decidí dar un primer paso. Encendí el ordenador y escribí una sola página. Fue torpe, desordenada, pero era el inicio. Cada día intentaba sumar unas líneas, aunque fueran pocas. 

Recordaba entonces la vida de Mandela: veintisiete años en prisión, sin libertad, rodeado de desolación. Y, sin embargo, nunca abandonó la esperanza de una Sudáfrica unida y libre. 

Desde una celda fría, lo que soñaba parecía imposible, pero al salir lideró la reconciliación de su pueblo y se convirtió en presidente.

En mis noches de desánimo, pensaba en él redactando discursos en su mente, aferrado a lo que aún no existía. Si él pudo sostener un sueño tan grande en el lugar más improbable, yo podía sostener el mío frente a una hoja en blanco.

Pasaron meses. Mis páginas se acumularon y mis personajes empezaron a vivir por sí mismos. Hubo días en los que sentía que nunca lo lograría, pero repetía la frase como un mantra: “Parece imposible… hasta que se hace”. Y un día, sin apenas darme cuenta, puse el punto final a mi primer libro.

Cuando imprimí el manuscrito y lo tuve entre las manos, me invadió una mezcla de incredulidad y orgullo. 

No era solo un libro; era la evidencia de que había derribado mis propios muros. Miré el lomo encuadernado y pensé en Mandela caminando hacia la libertad, llevando consigo la certeza de que lo imposible no es más que el comienzo de lo extraordinario.

Ese día entendí que la frase no es solo inspiración: es una promesa. Todo aquello que parece imposible se vuelve real en el momento en que dejamos de dudar y empezamos a hacerlo.

MGC

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